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Fila india al rector

Por Francisco Javier Mares

En el rostro de Agripino hay ira. Los ojos mecánicos retratan instantáneas inútiles por reiteradas. A los costados, al frente. Son todos y ninguno. Son cualquiera. Son lo de menos. Pendejos. La mandíbula aprieta la rabia impotente. Los hombros erguidos y los brazos a los costados. Una marcha desmilitarizada. El saco, caro, diseñado para otras pasarelas. El paso lento, sobrado, deliberado. Lo cercan puños en alto, inacabables. Poderosos. Encabronados. Voces silentes. Desprecio. Sentencia adelantada. El hombre es náufrago en aguas impensadas.

Luis Felipe Guerrero Agripino, todavía rector de la Universidad de Guanajuato, la UG, ‘la colmena’, sale del Teatro Principal, rota su comparecencia ante la autoridad superior del alumnado. Con él se van, cada cada quien con su cada cual, sí, el gobernador del estado Diego Sinhue Rodríguez y el presidente municipal de Guanajuato, Alejandro Navarro -al secretario de gobierno, Luis Ernesto Ayala, ni siquiera lo dejaron entrar-. El fiscal general, Carlos Zamarripa, no se dignó a asistir y su tache en la lista de presentes abortó el encuentro: “Sin  los cuatro no hay trato”, les dijeron. Se retratan y se van.

El momento se reconoce inédito, en fuga del manoseo de los políticos al calificativo ‘histórico’.

Los estudiantes de Guanajuato viven, por fin, días intensos -a la memoria, el Alfredo Anda Páez en la Ultra en la huelga de la prepa oficial de León, no más-, y es un principio.

¿Qué cambió? La violencia de género, sí, como bandera, aunque es la violencia, el miedo que sigue los pasos a todos.

Un exnovio imbécil mató a Ana Daniela. Oprimió el disparador. Ya, cabrones, ya estuvo.

Los estudiantes de la Universidad de Guanajuato llevaban meses, años, en la exigencia de paridad; de condiciones de igualdad de oportunidades; de protección; de seguridad para ellas y ellos.

A la rectoría a cargo de Luis Felipe Guerrero Agripino, le valió un carajo, no solo hizo nada, propuso, colocó y protegió a personajes denunciados y de culpablilidad pública probada.

Agripino se llevó entre la patas a la autoridad, toda. A los alcaldes de los municipios en los que despacha la UG. A los mandos de seguridad municipales, y estatales. Al secretario de gobierno, responsable de la gobernabilidad de la entidad, y al propio gobernador de Guanajuato.

Los estudiantes se fueron al paro. Y ojo con esto, tienen el aplauso de la sociedad. Ni así lo entienden.

Los Poderes -qué vacío suena el término- de Guanajuato no leyeron a Luis Spota. Esos trucos baratos para extinguir una huelga se murieron en los 70. Pagar a un periodista simplón para que se asuma esquirol no reditúa. A los policías tomando fotos ya nadie les tiene miedo. Las listas negras murieron con el sindicalismo de la CTM. Los estudiantes se está burlando de todo eso.

¿Qué sigue? Los estudiantes irán de vacaciones y regresarán a clases, pero esto cambió.

Hay dos cosas que la autoridad no mide hasta ahora. Uno, si leyeran los periódicos entenderían que la gente está con los estudiantes y, peor, que la suma de las universidades públicas y privadas, masivas en conjunto, les van a echar en cara sus insastisfacciones curriculares y de garantías ciudadanas. Más temprano que tarde van a reclamar y, en la medida de las circunstancias, a cobrar.

…Así que sus comunicados, convenios y firmas asquerosamente redactados, por supuesto no van a funcionar.

La semana que comienza nos encuentra, como en cada episodio de la materia, entre la solución y el radicalismo. Se abren apuestas. Lo que sí es que no hay retorno. Se acabó.

Los estudiantes advierten: “Es el momento en que ustedes autoridades se pregunten lo mucho que se han equivocado, lo mucho que nos han traicionado para que nosotros ya no confiemos en ustedes y nos veamos hoy aquí en estas condiciones”.

Y sentencian: “Les recordamos que no somos estudiantes divididos y desarticulados. Unidos somos más fuertes, unidos hemos llegado hasta aquí y no vamos a parar. Ya no queremos más acoso ni asesinatos, ni feminicidios, ni suicidios. No más violencia”.

Para Agripino, Navarro, Zamarripa y Diego, 100 planas de eso.

Hasta aquí, en eso íbamos. A ver.

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