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Historia de terror a domicilio

Lo hemos escuchamos hasta el cansancio, de día, de noche, en días internacionales: la violencia familiar se condena, se castiga, se denuncia. En medio de la marea de imperativos de las campañas que buscan erradicar el lastre de los golpes, la humillación y los feminicidios, un asesinato ha conmocionado a México.

Tal parece que el fantasma de la violencia intrafamiliar volvió a ganar la partida a la justicia y a la supuesta protección a las mujeres que brindan los gobiernos mexicanos.

Abril Pérez, una mujer de 46 años y mamá de tres hijos adolescentes, fue asesinada a balazos en la Ciudad de México este 25 de noviembre luego de hacerle exámenes psicológicos a sus hijos, requeridos en su demanda de divorcio.

Su historia de terror la padeció con lágrimas durante años al lado de su esposo, Juan Carlos García, exdirector de Amazon México y de comercio digital de Elektra.

Una noche, uno de sus hijos escuchó gritos en el cuarto de al lado. Al asomarse vio que su papá estaba a punto de cortarle el cuello a mamá. Eso fue apenas en enero.

Esa fue la gota que derramó el vaso y Abril decidió separarse para cortar de tajo la cadena de golpes, abusos y humillaciones de los que se dijo víctima durante años.

A la vergüenza y al miedo de denunciar, se le sumó la evidente incompetencia de las autoridades de justicia: ocho de cada 10 casos quedan en la total impunidad, sin castigo, sin justicia, nada más están ahí para engordar los expedientes que se olvidan con el tiempo y se llenan de polvo y telarañas.

Cuando tomó la decisión de separarse, Abril decidió irse a vivir con sus hijos a Monterrey, donde radica su familia, empezó los trámites de divorcio, y acusó a su marido penalmente por intento de homicidio.

Y sí lo detuvieron, pero un juez lo dejó libre el 8 de noviembre.

El juez Federico Mosco no vio importantes las declaraciones de ella y su hijo, quien fue testigo del ataque, por lo que no consideró que fuera un intento de feminicidio, lo reclasificó como violencia intrafamiliar y lesiones… y el esposo de Abril salió con fianza.

17 días después de salir libre, es el principal sospechoso del asesinato de su esposa.

La familia de Abril está convencida de que García contrató a un sicario para que la matara.

«Tiene suficiente dinero como para contratar a un sicario. A nosotros no nos cabe duda de que fue él”.

El paradero de García no se conoce.

El día del ataque ella iba sentada en el lugar del copiloto, sus dos hijos iban atrás y su abogado conducía. Iban rumbo al aeropuerto, de regreso a Monterrey.

No pudieron salvarla.

“Temo por mi vida…”, fue lo que le dijo al juez. Hoy está muerta.

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