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2020 La Fenal que no fue

Por Francisco Javier Mares

Leopoldo Navarro me comparte que se fue del ‘am’ el 14 de enero de 1990. Aquella mañana de domingo en la que el ‘Chilo’, borracho al volante del suburbano se atravesó al paso del tren y mató a 35. Polo, editor en ciernes, traía en la cabeza empujar la creación de una feria del libro para León. Lo hizo. Lo traicionaron a las primeras de cambio…

Así fue.

– Deberíamos estar inaugurando la ‘Feria del Libro de León’, número 31…

La fundamos, pero después ya no hemos tenido mucho que ver, más bien nada que ver con eso llamado ‘Feria del Libro’.

– El covid nos dejó sin feria presencial -está de moda la palabreja ¿Por qué te refieres a la feria como ‘eso’? Son 31 años, no es poca historia.

Es una pena, pero después de 31 años y con lo que sucede cada año tienes, o uno tiene, o yo tengo específicamente la sensación de que no leyeron bien el manual. No empieza a ser verdaderamente una pieza central de un instrumento de políticas públicas para la promoción del libro y de la lectura y la formación de lectores.

– Que sería la idea original…

Es la idea, es el planteamiento original. Yo te puedo contar el chisme de cómo la armamos…

– Me detengo antes, 31 años…, suena grave la aseveración, ¿no?

Sí, es grave para un esquema de administración pública municipal donde no deja de empezarse, de inventarse en cada trienio el intento de estrategia para las políticas publicas de cultura en el municipio.

– Para ser ortodoxos ¿Te parece si comenzamos por el principio?

Sería genial…

– Leí que realmente fuiste tú quien llegó con el personaje adecuado a proponer ‘la nacencia’ de esta feria. Cuéntanos eso.

Bueno, oficialmente lo que se menciona es ‘por una idea de Leopoldo Navarro…’

– Venía caminando y se le ocurrió…

Sí, quién sabe de dónde, quién sabe cómo le habrá hecho. Lo cierto es que en la Ciudad de México, por ahí del 87, conduje algún taller de lectura de la ‘Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil’ que entonces operaba Conaculta. Me quedé con eso en la cabeza, más o menos un año. Pregunté al director de la feria, Pascual Borzelli Iglesias ¿Oye, por qué no llevar esto a León? Órale, va ¿Cuándo lo hacemos? Regresé a plantearle esa inquietud a quien era el presidente del Consejo para la Cultura de León, Federico Zermeño.

– ¿Nacía apenas el Consejo?

Sí, se había apenas constituido, era alcalde de León Carlos Medina. Ese Consejo estaba integrado por Carlos Flores Montúfar, Luz Marcela Vera, Luis Fernando Brehm y algún otro personaje que no recuerdo.

Se concertó una reunión entre Pascual Borzelli y Federico Zermeño. Avanzamos en el proceso. Federico me encargó trabajar en la planeación, en la prospección, en la construcción del proyecto. Sobre todo en establecer qué de aquella feria internacional tenía que ser aplicado en León, en qué escala y con qué sentido.

Hicimos un trabajo de planeación que finalmente llevó a la operación de una feria del libro maravillosa, exitosa, deslumbrante. Contamos con el apoyo de la coordinación nacional de la ‘Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil’ que se trajo a todos los libreros, a todos los artistas, a todos los talleristas.

Unas cuatro semanas antes de la inauguración de la feria, me dijeron: ‘oye, pues como que eres un desastre ¿verdad?’ Te vamos a poner un apoyo administrativo, y bueno ahí me enteré de que era Ana María Riveira, esposa de Carlos Pérez Montúfar, padres de…

– ¿Ella es la primera cabeza de la feria, no?

Pues la primera cabeza fui yo. Digo, cabeza decapitada. De esa decapitación me di cuenta en el momento de la inauguración del evento. Teníamos a los funcionarios nacionales de primer orden y a los estatales y a los municipales en el corte del listón, mientras tu servidor andaba de talacha. Y entonces, en el corte de listón ya era oficialmente presentada como directora de la feria Ana María Riveira. Yo no estaba enterado pero ahí dejé de pretender ser director del proyecto. 

– Siguió el proyecto institucional, ¿y luego?

Lo que se me antojaría comentar es ¿Qué es lo que no ha sucedido? ¿Qué es lo que no se ha concretado? ¿Qué es lo que no se ha consolidado? 

– Adelante ¿Es una referencia nacional?

No, no creo que sea una referencia nacional. Es una referencia local. No aguanta un análisis que la quiera mostrar como un aglutinador de discusión, de análisis, de sembrado de proyectos de promoción a la lectura, de fomento a la lectura, de formación de lectores, de formación de escritores. Es esencialmente hasta ahora un acontecimiento cumbre al que se le invierte una millonada para mostrar que se están haciendo cosas en beneficio del libro y la lectura.

– ¿Es una feria estancada en su crecimiento, en su dimensión?

Yo no sé si tenga una dimensión. Lo que no le veo es un objetivo más que el de consumir el presupuesto que le ha sido asignado cada año. Es un proyecto que termina el último día de actividades. Si hacen o no una evaluación; si en función de eso hacen o no una planeación; si discuten, se critican, se cuestionan y se proponen hacer algo distinto con esa feria, no lo sabemos. No lo sabemos y no se nota nada.

– La ‘Feria Internacional del Libro de Guadalajara’ comenzó en el 87, apenas tres años antes. Regálame el comentario…

No, pues no hay comparación. No hay comparación. La ‘Feria Internacional del Libro de Guadalajara’ es en este momento un centro de reunión de editores, de autores, de ilustradores, de profesionales de la edición que cuentan con mesas de trabajo para que finalmente salgan de ahí operaciones editoriales, eso es profesionalizar el mundo del libro y de la edición.

¿No damos para tanto?

Tal vez sea muy duro el término, pero si no hay un gestor de la cultura encabezando la institución municipal, tampoco puede haber un proyecto -necesariamente con una cabeza de la feria del libro- que pueda echar a andar todas esas líneas…

– Permíteme necear, eso me sale bien: ¿Qué hicimos mientras Guadalajara crecía de manera demencial en comparación?

Yo creo que nos funciona bien simular. Yo creo que nos funciona bien. Hacer que las cosas parezcan. Nos funciona bien consumir el presupuesto ya establecido. Que se consuma en los tiempos establecidos para llenar los formatos del cumplimiento de objetivos. Pero eso se llama simulación, a fin de cuentas. O inercia, si te gusta más el término.

– Me gusta más simulación.

Cumplimos con la inercia, y bueno, si tiene algún sentido o no lo que se está haciendo, es lo de menos. Yo creo que eso tiene que ver mucho. No nos interesa abrirnos a la discusión. Nunca ha habido una discusión propiciada ni por el Consejo para la Cultura, ni por el Instituto Cultural de León ahora, respecto a qué debería ser la feria, cómo debería ser, para quiénes debería ser, cómo deberían suceder cada una de esas cosas.

– ¿Qué tiene qué suceder para que la ‘Feria del Libro de León’ sea eso realmente? A mí me parece más un muestrario anual…

Yo creo que lo primero que tendría que suceder es que dentro del Consejo directivo hubiera quien levante la mano y diga: yo cuestiono, yo critico, yo propongo que echemos a andar un proceso de discusión, y entonces se tomen decisiones.

-Muy bien señor Navarro, un comentario final.

Muchísimas gracias.

-Eso es muy escueto.

Bueno, versión dos. Siempre te encuentras con circunstancias dolorosas, deprimentes, que te muestran que eso es un poco algo así como participar de un esfuerzo inútil consumido en nada. A lo que yo aspiraría es a que un proyecto de ese tipo tenga la capacidad de atrapar a un editor. Ahora sí, gracias.

LA JAULA

10 de Mayo, ‘Día de las Madres’. Venciditas: ¿Tradición o miedo al contagio? A ver.

Correspondencia: Tigresdepapel001@gmail.com

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