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Periodismo, comunicación y política

Por Francisco Javier Mares

(PARTE I) 

¿Y yo por qué? Saltó mi subconsciente que en su inconsciente se ha de creer expresidente, cuando me propusieron disertar a partir del paso que lleva “Del Periodismo a la Política.” Condicionado como perro de Pavlov, mi primera reacción fue la negación. Seguro hay muchos casos pero no es mi caso, balbuceó dubitativo en mi interior mi otro yo, todavía más inestable que este yo. Pero qué diablos, a cosas más siniestras ha de enfrentarse uno en esta vida. Permítaseme pues, si acaso, bordar desde la proximidad a los actores y factores, que no desde la vivencia personal.

I.- Premisa que a título de ‘cura en salud’ ha de preceder de manera obligada a cualquier argumentación: “hacer periodismo es hacer política”.

Me explico, o al menos, intento:

a) El periodismo en sus posibilidades de ejercicio múltiples es un oficio eminentemente político en la medida que la información incide en el entorno social.

b) Más aún, el periodismo confirma su naturaleza política en tanto que la formación de opinión pública se asume como un proyecto dinámico y no como un resultado accidental de la información.

En el medio de ambas interpretaciones abundan los puntos para la discusión.

1) Que si son los medios y no los ciudadanos los que deciden cuáles son los temas de interés público -una premisa en retirada en la era digital-.

2) Que aunque no exista una relación mecánica entre los mensajes y las actitudes de las audiencias, los datos esenciales para la toma de posiciones son los proporcionados por los medios.

3) Que en sociedades escasamente plurales, la formación de criterios entre los ciudadanos está peligrosamente homologada y es difícil hablar de opinión pública.

4) Que los protagonistas de los hechos corresponden al perfil de los que hacen o son noticia. El ciudadano común aparecería más en un rol de víctima y de espectador de los hechos.

En fin, aun si debiéramos concluir que la información por sí misma no forma opinión pública, de cualquier manera, en cualquiera de los escenarios los periodistas ya perdimos y hace rato que nos fuimos a la política…

II. Se lee a las puertas del Infierno de Dante: “¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”

Esto de ir “Del Periodismo a la Política” tiene sus matices, según se entienda como tal destino:

1. Participar en la política partidista, para ir de ahí al presupuesto.

2. Participar desde la Comunicación social.

3. Participar en la consulta externa a políticos, empresarios y otros actores sociales.

Los periodistas y la política partidista.

Anticipo. Soy un convencido de la incompatibilidad del ejercicio periodístico y la militancia partidista. La simpatía y las coincidencias con tal o cual personaje o corriente de pensamiento eventualmente serán inevitables, a menos que el oficio se ejerza de manera accidental o convenenciera y en todo caso, irresponsable. Pero eso es otra cosa y el periodista siempre antepondrá sus deberes como informador a sus afinidades ideológicas. No. Se es periodista o se es militante. Lo contrario, tarde o temprano lleva a la traición al amo, o a la conciencia. En ello incurren incluso quienes por lo bajo, laboran bajo consignas que en el mejor de los casos les mantiene a la espera de una compensación que nunca llega.

Otros, bastantes y cada vez más, son los que desde los medios difunden y apoyan idearios, programas públicos y plataformas políticas, pero eso no es periodismo es mera propaganda.

Y están los que efectivamente pasaron de periodistas a políticos y que, atisbo, son o debieran ser la médula en esta charla. Felizmente incapaz de entrar en sus corazones, me atengo a los frutos de la especulación, al fin y al cabo, todo un deporte nacional:

  1. Un buen/mal día despertaron con resaca, miraron hacia el buró y se encontraron de frente con su libreta de notas y una billetera exhausta. Tomaron una decisión.
  2. Siempre supieron, ahí en la intimidad de su alma, que un día el aprendiz de brujo vencería al periodista. Tomaron una decisión.

El asunto es que el fenómeno dista mucho de ser esporádico o privativo de algún signo político o región del país. Los hay también de muy variadas aspiraciones y capacidades. Una rápida sucesión de nombres que vienen a la memoria simple, ayudaría a sostener la aseveración.

Miguel Ángel Granados Chapa, quien en 1976 salió del brazo de Julio Scherer tras el golpe echeverrista a Excelsior, sorprendió al anunciar su decisión de figurar como candidato perredista a gobernador del estado de Hidalgo. Afortunadamente no pasó mayor cosa con su candidatura y de inmediato se reincorporó al periodismo. Aquella Socorro Díaz, muchos años directora del periódico ‘El Día’, alternó siempre el periodismo con sus afanes priistas a toda prueba…, hasta ir al perredismo, vía una diputación federal. Y estarían como (mal) ejemplo los hermanos Cantón Zetina, quienes desde su emporio periodístico en Tabasco catapultan sus carreras políticas, o’ra como senadores, o’ra como diputados ¿Y Guanajuato? Cómo no, con mucho gusto.

Miguel Ángel Chico Herrera renunció a una larga carrera como director de ‘El Sol del Bajío’, en Celaya, para ir a perder candidaturas priistas, una tras otra, y decidir al fin marchar a Morena vía el PT. Francisco Arroyo fue reportero de la entonces ‘Radio y Televisión de Guanajuato’, hoy ‘TV-4’ -sueño húmedo de más de uno-. En alguna ocasión, el ‘a.m.’, nos enteró que ‘Pancho’, en sus pininos, enviaba copias de sus notas y alguno que otro reporte a la Dirección Federal de Seguridad, la DFS. El licenciado Arroyo ha sido diputado o senador, cualquier cantidad de repeticiones. Además, embajador. Una carrera política exitosísima al menos para él y su familia, financieramente hablando.

Y bueno, el caso paradigmático es Juan Manuel Oliva, reportero que hizo fe pública temprana de su vocación panista; luego de un paso trunco como vocero de la alcaldía, líder estatal de su partido; diputado local; senador, tras una licencia para emplearse como secretario de Gobierno…, y despachó como gobernador de Guanajuato.

Claro que no todos los periodistas idos a la política de partido asoman al primer plano, los más siguen ahí, en segunda o tercera fila, agazapados a la caza de la oportunidad o el padrino soñados, ocupados en idear nuevas formas de conciliar capacidades y sueños.

La Comunicación social

El gobierno.

Sin ser pocos, los periodistas que fueron a la política por la siglas de los partidos son unos cuantos si se comparan con el número de reporteros y hasta aprendices/de, que embarazan las oficinas de prensa -o Comunicación Social-, de los sectores público y privado.

Ahí encuentran refugio lo mismo periodistas viejos cansados de trajinar al sol, que reporteros en plenitud a los que ‘no se les da mucho el esfuerzo’, o noveles comunicadores que divisan en esa senda un porvenir menos angustiante que el que observan u oyen en boca de sus mayores.

En Justicia, habría que decir que con el ‘boom’ de la Comunicación social, la existencia de estas oficinas de prensa y hasta las de relaciones públicas, contribuye a mantener bajo control la sobrepoblación de comunicadores que provocan las universidades. En las salas de prensa -y me permito obviar las excepciones, aunque únicamente pueda intuirlas-, el trabajo es anodino y la paga no es mala. A cambio, los comunicadores habrán de ser lo suficientemente dúctiles como para desempeñarse de conformidad con la óptica y las expectativas que de su función tenga ‘El Jefe’.

Los partidos.

El PRI. Por razones que se explican en siete décadas consecutivas, el Revolucionario Institucional fue el único partido político con recursos económicos para solventar la existencia de sus oficinas de prensa y difusión. Las conservan como cartera oficial de los comités directivos nacional, estatales y municipales. El PRI exprimió hasta la náusea su concepto del ‘Comunicador’ cuya virtud principal era acompañar la farra de los informadores, ‘para lograr notas favorables’. Si bien el concepto es menos duro ahora, se mantiene como posición de sus directivas, y para acceder al cargo es necesaria una empatía ideológica absoluta, militancia al menos pues…(El lunes continuamos…)

LA JAULA

Esta conferencia, en su versión original -modificada en partes mínimas para seguir el paso a los personajes-, se escribió y leyó a universitarios del CEU -hoy UDL-, en 2003. En tiempos de coronavirus, cuarentena, reflexión y supeditación informativa, viene bien la relectura.

Correspondencia: tigresdepapel001@gmail.com

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