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Una mujer descansa en la parte alta de un puente peatonal
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Lado B

Por Francisco Javier Mares

Al reverso de la vida pública, otras mujeres habitan la vida real…

Son presencia de mayoría. Ni a cuestas, el Calendario de Días Internacionales aplasta la demografía…, ni la necesidad.

La carencia mata ONU.

En el paradero del sistema de transporte, uniforme es destino: intendencia del IMSS. En la oruga, ellas son 50+1. Mínimo. Seguro. Ojos huidízos. Celulares que son refugio. Bolsos contra el pecho. Una mujer mayor dormita en el asiento amarillo. Apretuja su bolsa café de la ‘Tortillería Cadengo’. Es Lunes 9 de Marzo. Paro de mujeres anunciado. Las mexicanas decidieron hacer valer su ausencia. Las que pueden. La ‘oruga’ corre sobre López Mateos, una vía de cortinas metálicas cerradas -pero esas están así desde los 90′.

En el parador ‘Soledad’, atorado en el instestino grueso de la avenida Miguel Alemán, emblemática del caos vial de la urbe, una mujer vende churros. Son 4×10. Otra, recortes de jícama y pepino. Mangos ensartados. Son las diez de la mañana, se acomoda el mandil y la merca en su aparador de unicel, sobre un cajón plástico. Mujeres entran y salen. La rutina carga bolsas con legumbres. O acarrea bolsas descomunales de frituras que ofertar en la acera de la primaria. Repollo, crema y salsa maga. Apenas apearse, el Descargue Estrella es un engranaje incesante. Fruterías, carnicerías, chiles, mariscos, cebadinas, sanitarios, botanas encurtidas, tacos, tortas. El depósito de la ‘Corona’, a la entrada. La fila rumbo al mostrador de la cremería, es larga. Gente. Mujeres. Muchas mujeres.

Traspuesto el puente peatonal, el vecino Mercado Aldama. La película es la misma. La planta alta huele a cuero. Huaraches, para los ‘índitos’ de la guadalupana. Huipiles. Botas, ‘burras’ de suela de llanta y sombreros. Una pequeña bilingue, conversa en su lengua original y hasta en castilla -‘fueron ocho pesos…’, dice al celular. Enseguida, las fondas. Nación Amazona. Comida corrida. Consomé, sopa de arroz y guisado. Pásele, qué buscaba. Sí hay lugar, patrón. Las voces amables sostienen el paso. Enchiladas rojas o verdes, tortitas de papa con ensalada, chicharrón con chile y frijol, albóndigas con caldillo. Un trovador urbano le canta a la cocina del ‘Menudo Sarita’. Dos muchachas declaman el menú casi al trote. En la Leona Vicario, contra el poste de la esquina descansa una vendedora de rosas.

Al lado de la Presidencia municipal, está el Pasaje Fundadores. Lencería, cachuchas, joyería de fantasía, el traje para la graduación, vestidos de fiesta, bolsas que son un encanto. Todo es moda. ‘Coppel’ usurpó el espacio de Woolworth -Ah, los chilaquiles con crema en el restaurante. Todas las empleadas: ¡Presente! Esa vendimia es una extensión del comercio del Centro Histórico. Baratijas y recursos ‘tentenpié’, en su mayoría. Mujeres trabajando. Así, en ‘Sport Palace’. ‘Milano’. La señora de las cebadinas llegó temprano. Décadas en la trinchera. En los ‘Café Italian’. La ‘Dulcería Olimpia’. Los puestos de periódicos y revistas. Las ‘Fantasías de Miguel’, una mercería monstruosa en la planta baja del Condominio Plaza -donde algún día atendieron las ‘Nuevas Fábricas’ y ‘Textilán’. La joven de las inscripciones al ‘Instituto de CompuInglés de Oriente’, a las puertas de las puertas de los elevadores, puntual como esfinge tras su mesita despachadora. Las ‘Zapaterías 3 Hermanos’ y ‘Biba’ y ‘Del Sol’, son implacables en la operación del reloj checador. Del ‘Centro Joyero’, ni qué decir. Todas llegaron. Amas de casa apesadumbradas, engrosan la fila de los cajeros de la CFE renqueantes. ‘Cuidado con el perro’, advierte la marquesina de la tienda de ropa económica al lado. Ellas obstruyen el acceso. Ni modo. La monja que vende rompope y pastitas en el pórtico de ‘Biba’, no sabe -ni quiere saber-, del ‘9M’ y esas modernidades. Ahí está.

En cuatro de seis cajas de la Tesorería municipal, un letrerito notifica: ‘mi compañero te atiende’. Solo hay dos compañeritos trabajando. Ni así, la solvencia del erario cubrió a todas. En mesas en el patio principal, cuatro señoritas y un adolescente escuchan asuntos del impuesto predial -ya se fueron los descuentos del 10 en enero y 8 por ciento en febrero-. En el traspatio de la Alcaldía, que en el pleistoceno albergó las agencias del Ministerio Público. Al jefe de los gendarmes muicipales. A la temible Policía judicial. La comandancia de Policía y Tránsito. Separos en los que más de un desesperado ahorcó su vida con el cinturón, en la recepción de la oficina de Selección de personal está una chica diligente. Lo mismo en la dirección de Control presupuestal. Las copias sí las saca un varón.

El tianguis de Santiago, -microbarrio cercenado del Centro Histórico por la construcción del Balm-, periférico del Mercado República, compañero de armas de la Arena de lucha libre y el Cine Isabel, se extinguió como éstos. Quedan una decena de tendidos de trebejos, libros viejos, ropa para batallar y fruta. Es temprano y las fondas no han abierto. En Artes y Donato Guerra, crucero de conocedores, la señora no se tomó el día. Inperturbable resuelve en serie los bolillos con las carnitas y el chile jalapeño. Su colega, a ritmo sostenido, aporta la crema y la salsa picante -‘Fueron dos, mano…’ -‘Son veinte, carnal…’ -A un reportero con tantos años de contar la calle, no lo va a venir a amedrentar un virus de ojos rasgados -sí, no llega en tortas, pero por sospechoso…

La ‘oruga’ al medio día es un misterio sin resolver. Sin escolares y trabajadores de gobierno, los permisionarios se las areglan para que circulen abarrotadas. Una mezcla de olores y premuras lastima el corazón. La ‘oruga’ es una cápsula de tiempo muerto. Una cuadrilla de promotoras de ‘Bimbo’, aborda la Ruta del salario mínimo.

En Plaza Mayor, hermana ídem de Altacia, al otro extremo de la ciudad, la actividad es una calca en todos y cada uno de los departamentos de ‘Liverpool’, que es parte de ti. En ‘Sears’. En el ‘Sanborns’ del Santo Patrono Magnate Mexicano. En el Restaurante ‘Olive Garden’. Las tiendas ‘Charly’. Están todas las empleadas uniformadas, firmes y atentas. En los corredores, los módulos los atienden mujeres. ‘ETN’. Lotería Nacional/Melate. ‘Best Day’ -viajes-. ‘Swarovski’ -joyería-. ‘Candora’/Urbanidad -‘Invierte en una mejor calidad de vida’-. ‘Toutems –acesorios de telefonía fifí-. En el acceso/salida del centro comercial, una joven toda sonrisa, toma nota de los viajes en ‘Taxitel’.

El aire acondicionado en la ‘oruga’ de las 13:57 en la estación de transferencia San Jerónimo, es una revelación que confirma que Malverde, Santo Patrono del ‘Cártel del SIT’, existe…

Pasadas las dos de la tarde, en el fraccionamiento industrial Julián de Obregón, las obreras salen a puñitos. Es ‘hora de la papa’. En la esquina de la avenida De los Industriales y la calle Del Cortador, a la sombra raquítica del Banco del Bajío, las muchachas de la fábrica de ‘Impuls -expertos en zapato’-, hierven en sus sudaderas negras y liquidan en tacos los guisados cuyas ollas ya se cargan en la camioneta. La banqueta se talla con escoba, agua y jabón. No-vaya-a-ser. Al otro extremo del bloque que domina una tienda exhuberante de ‘Andrea’ con bocinas que animan a nadie, en el encuentro de las calles Del Cortador y Del Curtidor, hay un Oxxo. Siempre hay un Oxxo. Lunes de guacamayas, cómo chingaos no. Y allá van las trabajadoras de la ‘Coloso’, en sus casacas rojas. Una pareja come al amparo de un arbol tristón a la vera del estacionamiento. Una más, lleva nopales y tortillas para acompañar el guiso sorpresa en el vaso de unicel. La que no compra, destapa su ‘tupperware’ –Su ‘tóper’, acá en confianza-. Comida de casa. Ninguna de las trabajadoras se acogió a la generosidad de la que hizo eco el presidente de la Ciceg, de pagar con horas extra un día libre. Eso lo aguantan en ‘la Santa’, no por un pinche Ocho o Nueve de Marzo. A eso ni le entiendo.

En el ‘Modelorama’ en los bajos del depa, ella me cobra 48 pesos, de las tres chelas ‘Modelo.’

– ¿No se supone que hoy descansan las mujeres..?

– Pues, se supone… -y el reclamo quedo le sonroja la sonrisa.

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