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¡Guau!

Payasito pierde su sonrisa al buscar con desesperación a su amigo tras la explosión de la pipa

Un payasito busca con desesperación a su amigo de Erick, quien es conductor de la ruta 14 y que no ha sido localizado

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La explosión de una pipa de gas en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, dejó no solo un saldo de víctimas mortales y heridos, sino también historias de angustia que han conmovido a la capital. Una de ellas es la de Erick Vicente Acevedo Romero, chofer de la Ruta 14, quien desapareció tras el siniestro.

Entre los que no han parado de preguntar por él está Luis Antonio Nolasco, payaso en los microbuses y amigo de Erick desde hace años. Aunque su oficio es regalar sonrisas, esta vez lo que le toca es recorrer hospitales y revisar listas de pacientes en busca de su compañero.

“Yo solo sé que él trabaja en un micro, no sé si era el que estaba pegado a la pipa, pero lo estamos buscando por todos lados. Lo único que tenemos para reconocerlo es su tatuaje en la mano: un escapulario”, contó Nolasco a medios de comunicación.

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La familia y los amigos de Erick comenzaron a difundir en redes sociales fotografías y señas particulares, destacando un detalle clave: un rosario de tinta negra tatuado en su mano izquierda. Esa marca se convirtió en el único rastro para intentar localizarlo entre la confusión que reinaba en hospitales y centros de atención.

Rumores, hospitales y esperanza

Las horas posteriores a la explosión fueron un mar de rumores. Que si estaba en el Hospital Belisario Domínguez, que si lo habían trasladado al Magdalena de las Salinas o incluso al Rubén Leñero. Cada noticia generaba una carrera de sus familiares para constatar la información, pero al llegar, la respuesta era la misma: “no está en la lista”.

Finalmente, casi a la medianoche del jueves, el Gobierno de la Ciudad de México confirmó que un paciente identificado como Erick Vicente Acevedo Romero, de 33 años, se encontraba internado en el Hospital Belisario Domínguez en estado crítico.

Esa misma noche, los padres de Erick —adultos mayores— caminaron hasta el Puente de la Concordia buscando el microbús de su hijo. Lo único que encontraron fueron restos calcinados y soldados que les prohibieron el paso. Sin papeles ni credenciales, lo único que llevaban como prueba era la imagen de su hijo y el recuerdo de su tatuaje.

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Mientras tanto, Luis Antonio, el payaso que suele arrancar carcajadas en los micros, pintó de nuevo su rostro, no para trabajar, sino para seguir buscando a su amigo entre hospitales y pasillos llenos de incertidumbre.













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