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¡Guau!

Más que una cola triste: El impacto invisible del abandono en el corazón de los «lomitos»

A veces pensamos que los lomitos viven solo en el «aquí y el ahora», pero la realidad es mucho más profunda

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A veces pensamos que los lomitos viven solo en el «aquí y el ahora», pero la realidad es mucho más profunda, estos fieles amigos no solo mueven la colita cuando nos ven; son capaces de formar lazos de apego tan fuertes que, cuando se rompen, su mundo entero se desmorona.

Si alguna vez te has preguntado qué pasa por la mente y el cuerpo de un perro cuando es dejado a su suerte, la ciencia tiene respuestas que nos invitan a la reflexión.

Cuando un vínculo con su humano se corta de tajo por un abandono, el lomito entra en un estado de estrés, ansiedad y una confusión total.

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Según explica un artículo de Gaceta UNAM, muchos desarrollan lo que se conoce como inhibición conductual.

A simple vista, el perro parece estar «tranquilo» o muy quieto.

En realidad, es una forma de depresión profunda derivada de un evento traumático.

Es común que pierdan el apetito, dejen de jugar o se aíslen por completo de otros animales y personas.

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Esta falta de respuesta a los estímulos es el reflejo de una herida emocional intensa.

El daño no se queda solo en «sentirse tristes». El estrés crónico por el abandono puede alterar directamente su sistema inmunológico.

Para un perro, su humano es la figura que regula sus emociones y le da estructura a su rutina. Sin esa guía, el animalito se siente vulnerable e indefenso ante un mundo que no comprende.

Entender que un perro sufre fisiológica y emocionalmente es el primer paso para dejar de ver a los seres vulnerables como objetos desechables.

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El compromiso debe ir más allá de la lástima; se trata de construir una cultura de responsabilidad donde el abandono deje de ser una opción.













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