¡Guau!

Xiomara revela el lado «nómada» y real de trabajar en las ferias de México

Todos hemos ido a las ferias por un algodón de azúcar, para subirnos al «Himalaya», pero, ¿alguna vez te has preguntado qué pasa cuando se apagan las luces?

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Todos hemos ido a la feria por un algodón de azúcar, para subirnos al «Himalaya» o para intentar ganar un peluche gigante en los juegos de destreza. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué pasa cuando se apagan las luces de neón y la música deja de sonar?

Gracias a las redes sociales, hoy conocemos la historia de Xiomara, una joven potosina que nos ha abierto las puertas de su hogar… que resulta ser su mismo puesto de trabajo.

Xiomara, originaria de San Luis Potosí, se ha encargado de ponerle rostro al término “feriera”, como se les conoce a las personas que recorren todo México trabajando de manera itinerante.

A través de sus videos, ha dejado claro que la magia de la feria requiere de un esfuerzo que no todos estarían dispuestos a hacer.

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Lo que más ha dejado con el ojo cuadrado a los usuarios es descubrir que, para muchos trabajadores, el mismo puesto de juegos donde te reciben con una sonrisa es también su dormitorio, comedor y vestidor.

Aunque algunos tienen la suerte de viajar en casas rodantes, para Xiomara esa opción todavía «luce lejana», por lo que le toca aplicar el ingenio cada noche.

Uno de los momentos más impactantes de sus videos es cuando muestra cómo prepara su rincón para descansar. Imagínate terminar una jornada agotadora y tener que mover tablas y cobijas para encontrar un huequito donde dormir. En uno de sus clips más vistos, Xiomara nos cuenta:

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“Les voy a mostrar otra de las opciones que usamos para poder dormir trabajando en la feria.”

La joven relató que, a veces, su espacio habitual se llena de mercancía nueva, lo que la obliga a ser creativa para no quedarse sin sitio. Entre risas y mucha naturalidad, mostró su escondite secreto: “Aquí voy a alzar esta telita… y aquí es donde normalmente me quedo.”

Vivir así no es nada sencillo. Xiomara explicó que tiene que usar capas de telas y cobijas gruesas para aguantar tanto el frío de la madrugada como el calorón que se encierra en los puestos durante el día. Su historia ha servido para que miles de personas valoren más el trabajo de quienes hacen posible que nuestras ferias locales cobren vida cada año.

Aunque parezca una vida de película o muy aventurera, la realidad es que es un trabajo pesado que exige una capacidad de adaptación impresionante. Xiomara sigue acumulando seguidores que, como nosotros, ahora vemos los puestos de feria con ojos mucho más curiosos y respetuosos.

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