¡Guau!
¿Tu cepillo de dientes te está enfermando? El protocolo de la UNAM para una limpieza real
Resulta que la higiene de tu boca no termina cuando escupes la pasta y guardas el cepillo, te decimos cómo lavarlo adecuadamente
Resulta que la higiene de tu boca no termina cuando escupes la pasta y guardas el cepillo.
De hecho, si solo lo enjuagas con agua del grifo y lo dejas ahí, podrías estar cultivando un pequeño «zoológico» de microorganismos.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierte que este instrumento puede alojar millones de bacterias, hongos y virus.
Aquí te contamos, bien «platicadito», cómo cuidar tu herramienta de limpieza para que realmente te proteja y no se convierta en el enemigo.
Parece exagerado, pero la UNAM destaca que «la cavidad oral es una de las partes más contaminadas del cuerpo».
Si a eso le sumas la humedad del baño y su cercanía al sanitario, tienes la receta perfecta para el desastre.
Para evitar sorpresas desagradables, la máxima casa de estudios y la American Dental Association (ADA) proponen un método de desinfección que va más allá del simple chorrito de agua:
- Manos limpias primero: Antes de tocar tu cepillo, lávate bien las manos para no pasarle bichos de fuera.
- Adiós a los residuos: Enjuágalo súper bien bajo el chorro de agua hasta que no quede ni rastro de pasta o comida.
- El baño de antiséptico: La UNAM sugiere sumergir el cabezal en enjuague bucal con alcohol o clorhexidina al 0.12% de 10 a 15 minutos.
- ¡Déjalo respirar!: Ponlo siempre en posición vertical y al aire libre. Según el Journal of Advanced Medical and Dental Sciences Research, guardarlo en estuches cerrados solo ayuda a que crezcan moho y bacterias.
- Ojo aquí: los especialistas de la UNAM recomiendan que tu cepillo esté lo más lejos posible del inodoro. ¿La razón? Evitar la contaminación por «aerosoles coliformes». Además, procura que no toque los cepillos de los demás para evitar la famosa «contaminación cruzada» entre cerdas.
- No esperes a que las cerdas parezcan una palmera despeinada. Tanto la Facultad de Odontología de la UNAM como la Mayo Clinic coinciden en que el cambio debe ser cada tres o cuatro meses. Los expertos son claros: «Las cerdas desgastadas pierden eficacia mecánica y acumulan más biopelícula».