¡Guau!
El dinero de la graduación terminó en el casino: la historia que dejó sin fiesta a 35 estudiantes en Argentina
Nadie imagina que el ahorro para una graduación pueda desaparecer frente a una máquina tragamonedas, pero eso fue lo que ocurrió
Nadie imagina que el dinero guardado para una noche de gala pueda desaparecer frente a una máquina tragamonedas, pero eso fue exactamente lo que ocurrió con la graduación de una escuela argentina, donde la ilusión de 35 estudiantes se esfumó a solo horas del evento.
Lo que parecía un problema administrativo menor terminó destapando una historia de apuestas, silencio y confianza traicionada.
Durante meses, los padres de la Escuela de Comercio N° 19 reunieron el dinero necesario para asegurar el salón, la música, el catering y las fotos del recuerdo. Para administrar esos fondos eligieron a Romina Enríquez, madre de uno de los alumnos y persona de total confianza dentro del grupo.
Nadie imaginó que esa decisión terminaría en escándalo.
El viernes previo a la fiesta, cuando todo debía estar listo, los encargados del salón hicieron una llamada inesperada: el pago no estaba completo. Si no se liquidaba la deuda, la celebración quedaba cancelada.
Los padres intentaron contactar a la organizadora. No hubo respuesta. Ni llamadas, ni mensajes. Hasta que, horas después, llegó un texto que dejó a todos helados.
En un mensaje de WhatsApp, Romina confesó que había usado el dinero de la fiesta para apostar. Según explicó, pensó que podría recuperarlo, pero terminó perdiendo alrededor de 17 millones de pesos argentinos.
La mujer, enfermera del Hospital SAMIC, admitió no tener manera inmediata de devolver el dinero, dejando a los estudiantes sin servicios contratados y a los padres en estado de shock.
Durante ocho meses, cada familia aportó 60 mil pesos argentinos mensuales. La confianza fue total, aunque hoy varias madres reconocen que hubo señales de alerta: recibos que nunca aparecieron, excusas constantes y evasivas cuando se pedían comprobantes.
Al final, nada estaba pagado: ni DJ, ni fotógrafo, ni comida. El contrato exigía saldar todo con 48 horas de anticipación, plazo que jamás se cumplió.
La fiesta que nunca ocurrió
La historia explotó en redes sociales y medios locales, donde generó indignación y debate. Más allá del dinero, lo que más dolió fue ver cómo una noche irrepetible se perdió por completo.
Una graduación no se repite. Y en este caso, quedó marcada por una decisión que nadie vio venir.