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La Madre Santísima de la Luz: legado espiritual que une a León desde hace casi tres siglos
La devoción mariana más arraigada en León tiene su origen en el siglo XVIII, cuando la imagen de la Madre Santísima de la Luz llegó a la ciudad el 2 de julio de 1732. Según la tradición, la Virgen se apareció en 1722 a una religiosa, revelándole cómo deseaba ser retratada. La imagen fue encargada por el jesuita Juan Antonio Genovesse y, años más tarde, sorteada por José María Genovesse entre los colegios de la Compañía de Jesús en la Nueva España, resultando elegida la entonces Villa de León como su destino final.
A lo largo del tiempo, la imagen fue ganando fervor entre los leoneses, al grado que el 23 de mayo de 1849, por iniciativa del presbítero Ignacio Aguado, el pueblo, el clero y el Ayuntamiento solicitaron a la Iglesia reconocerla como patrona de la ciudad, solicitud que fue aprobada por la Santa Sede en 1851. Posteriormente, el primer obispo de León, José María Díez de Sollano y Dávalos, gestionó la extensión del patronato a toda la diócesis, lo cual fue autorizado en 1872 por el Papa Pío IX.
La festividad principal en honor a la Madre Santísima de la Luz se celebra el miércoles anterior a la Pascua del Espíritu Santo, según lo indicado por la Virgen en una aparición. Sin embargo, también se le honra durante todo el mes de mayo, el 2 de julio, día de su llegada a León, y el 2 de octubre, aniversario de su coronación pontificia en 1902 por el Papa León XIII.
Hoy, la imagen continúa siendo un símbolo de identidad y fe para miles de leoneses, conmemorando no solo una historia de devoción, sino una parte viva del corazón de la ciudad.